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Brasil es un país que tiene mucho que aportar y estoy seguro de que, si tú también le das la oportunidad, te sorprenderá lo mucho que puedes aprender de él


Este verano me fui 2 meses a Brasil con el programa IAESTE, concretamente a Presidente Prudente, una localidad tranquila y segura en el estado de São Paulo. Llegué un 15 de julio a mi pequeña localidad y, ese primer día, conocí a Santi, un chico ecuatoriano que también estaba de prácticas en el Departamento de Estadística. Él fue quien se encargó de enseñarme la universidad, la ciudad y a un grupito de peruanos que me acogerían como uno más. Asimismo, me presentó a Fernando Moala, quien no solo ha sido mi tutor sino también mi amigo. En cuanto a lo académico, mi trabajo durante esos dos meses se basó en redactar un paper.

Para conseguirlo, primeramente, empecé leyendo varios articulos que Fernando me mandaba; en mi caso eran sobre datos censurados y estadística bayesiana. Tras dos semanas de nutrirme de conocimiento, me puse a redactarlo, dicho paper tiene como título Log-normal distribution and Bayesian inference for Covid-19. Durante el tiempo que estuve redactándolo, también leí diversos artículos de otros autores para mejorar y ampliar el mío propio. Además, pude asistir algunas asignaturas del máster de Matemáticas como Introducción a Machine Learning y Estadística Computacional. Dejando de lado la parte académica, viajé a Río de Janeiro con Santi la segunda semana que estuve allí. Me hizo muchísima ilusión poder ver mi primera maravilla, el gran Cristo Redentor.

No solo vimos el Cristo, sino también el Pão de Açúcar y Escadaria Selarón; además, fuimos a ver peces, fuimos en jet ski y comimos comida típica… Fue un viaje que nunca olvidaré. Posteriormente, también viajé a São Paulo, donde vimos el MASP, la Pinacoteca y el Museo de Arte Moderno de São Paulo. Asimismo, visitamos el barrio japonés, el parque Ibirapuera y la avenida Paulista, y comimos pastel. Por otro lado, conocí gente de todas las culturas, comí churrasco brasileiro, jugué a fútbol, bebí caipirinha y paseé por la playa. Conviví con una chica de Irán y una brasileira, ambas muy majas, que me ayudaron a mejorar mi inglés y mi portugués. Ese es otro beneficio: al ser Brasil un país de habla portuguesa, podrás aprender su idioma de la mano de nativos, algo que, por lo menos para mí, siempre es un extra. Además, los brasileños son muy amigables: enseguida te acogen en su hogar y en su círculo de amigos; son personas maravillosas que te hacen sentirte como en casa. En definitiva, me llevo algunos de los mejores recuerdos de mi vida. Comencé una nueva aventura, dispuesto a hacer nuevos amigos, conocer lugares nuevos y aprender sobre nuevas culturas.


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21 septiembre 2026